Jorge Saenz, pasión fotoperiodística.

11 Jul

Jorge Saenz  nació en 1958, es argentino, pero vino a Paraguay, porque se enamoró de una paraguaya, al llegar se enamoró de Paraguay. Fotoperiodista desde los 28 años, actualmente corresponsal de la agencia Associated Press en Paraguay, autor  y editor de varios libros, padre y profesor.

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Foto: Revista Forma

 Hijo de un fotógrafo aficionado y fundador de al menos tres fotoclubes en Buenos Aires, Saenz indica que se enamoró de la fotografía desde el momento en que la conoció. Se dedica a la fotografía desde los 19 años. A los 20 tomaba fotos de conciertos de los grupos extranjeros que le gustaban, estas eran publicadas en la Revista Periscopio, labor a la que se dedicó durante un año. “Me pagaban los materiales y algún pesito más”, indica.

Socialista desde los 14 años, Jorge Saenz fue preso  a causa de su activismo político. Después de 7 meses, gracias a la lucha de organismos internacionales de DD.HH en conjunto con personajes, hoy famosos por su lucha contra la dictadura, como  Hebe de Bonafini y Adolfo Perez Ezquivel, logró salir con vida de la cárcel.

Su militancia en el partido socialista, provocó su exilio a España durante 5 años, tiempo que volcó su labor a la fotografía de casamientos.  El fotoperiodismo lo hacía como aficionado pero no vivía de eso.

A los 28 años, luego de dejar la política, empezó su labor de fotoperiodista con la agencia independiente Foco – Fotografía Contemporánea, junto con tres colegas, sus fotos eran distribuidas en Chile y Argentina. Luego de  6 meses, y fué contratado por Jorge Lanata, para trabajar en Página 12, allí trabajó por 2 años.   En 1989, llega a Paraguay, (siguiendo a su esposa) e ingresa al diario local ABC color. A los 6 meses asume el puesto de Editor Fotográfico,  del que se encarga 3 años. Después de esto trabajó con el diario Ultima Hora, para la Agencia Internacional AFP, y luego fue contratado por la agencia Associated Press, con la que trabaja hasta hoy.  “Todo mi trabajo está en Paraguay, en algunos países viajando para la agencia durante los últimos años, pero esencialmente mi trabajo profesional  y más que nada el personal está hecho acá, en Paraguay”, afirma.

Saenz cuenta con una serie de libros y catálogos publicados a lo largo de su carrera, algunos con la colaboración de otros fotógrafos, y otros de forma independiente.

El primero en ser publicado en 1994 fue “Niños del Paraguay”,  en 1995 “El Aburrimiento”, realizado en su totalidad con cámaras Polaroid, “Rompan Filas”, publicado en 1996, acerca del Servicio Militar Obligatorio, trabajo que le llevó 6 años. “El Embudo” en 1997, publicado luego de 7 años de proyecto,  que trata sobre la cárcel de menores Panchito López. “Fotografío por necesidad” en el 2001, “El amigo de Hortensia” publicado en 2007, que es una novela acompañado de fotos del Hospital Nacional Neuropsiquiatrico, 400” en el 2010 acerca de la tragedia de Ykua Bolaños, y “Todos los Pájaros Crecen” publicado en 2012, en la que presenta fotografías de su familia durante 14 años.

En el año 1998, le ofrecieron el puesto de editor de la revista Argentina 23, enfocada a la política y actualidad, por lo que volvió a Buenos Aires hasta el 2003, ese mismo año, contratado nuevamente por la agencia AP vuelve a Paraguay.  Desde el 2000 empieza a dar clases de fotoperiodismo,  tarea que continua a hasta hoy.

“Lo bueno de los ensayos, es que no solo cambia la mente de quienes lo miran, sino también del que los hace”

Actualmente, ¿aún enseña fotografía?

Ya no enseñaba. Ahora sí enseño de vuelta. Acá enseñé desde que volví, empecé a hacer grupos de talleres un poco tímidamente al principio, pero como ya vine con la experiencia de haber enseñado en Argentina, me fue muy fácil enganchar acá. Hubo un grupo interesante al principio, muy fuerte, donde no solo había fotógrafos sino también artistas plásticos, entonces era un aporte muy grande el de los artistas plásticos, con los que yo nunca había tenido contacto. Durante un año dejé de dar clases porque me deprimí. Desgasta mucho la enseñanza, hay veces los alumnos no responden y a uno le agarra un bajón, pero más que nada está en uno, en qué onda tiene el profe, a pesar de que el profe también se cansa, y llega un momento en que necesitas descansar.

En cuanto a la forma en que hace sus fotos, su visión ¿busca  algo en específico o más bien es lo que nace en el momento?

Nunca nace nada solo en el momento, siempre uno tiene todos los conocimientos, la cabeza de uno funciona siempre todo en conjunto, no para una cosa u otra. Yo trato de que cuando cuento algo con las fotos también tenga una fuerza estética propia, que no sea simplemente un registro frío sino que también se vea una intención, el fotógrafo debe mostrar algo en particular. Siempre trato de que vayan juntos, tanto la cabeza que piensa, como el ojo que ve, como el sentimiento; las tres cosas juntas, así como decía un árabe.

De acuerdo a su carrera de fotoperiodista ¿cómo explicaría el concepto de fotoperiodismo?

¡Qué difícil!, ¿qué es el fotoperiodismo?  El fotoperiodismo esencialmente es contar lo que ves con fotografías, para decirlo de una manera simple. Después tiene un montón de condicionamientos, digamos que tienen que ver con lo que querés contar. Vos trabajas con la realidad y lo que haces es una excepción de la realidad para contar algo particular de esa realidad.

¿Cuál le parece es la realidad actual de Paraguay en cuanto a fotoperiodismo?

Y está muy mal, empezando por los salarios de los fotoperiodistas que son muy bajos, muy muy bajos. En general tienen una consideración subsidiaria con respecto al texto, entonces el poder siempre está en la palabra en los medios. La imagen es un poco más rebelde que la palabra, es un poco más difícil de domesticar, es un poco más difícil mentir con las fotos que con la palabra, entonces como los medios están tan aquejados de intereses, lo que prefieren es mentir con las palabras que con la fotografía.

¿Hay mucha gente haciendo fotoperiodismo en Paraguay?

Si, trabajando de eso en cada diario hay una docena o más.

¿Por qué es importante el fotoperiodismo?

¡Primero porque nos mantiene!, es nuestro medio de vida. Eso no se puede negar es la profesión que elegimos  y queremos vivir de eso. Y segundo me parece fundamental por lo que dije antes, porque la imagen es mucho más rebelde que la palabra y en general más difícil de domesticar, entonces uno siente que tiene más que ver con lo que pasa, que lo que cuentan los periodistas.

¿Cómo definiría un ensayo fotográfico? ¿En qué consiste?

El ensayo fotográfico es una serie de fotografías, de imágenes que cuentan una historia en profundidad. Sobre todo se distingue del reportaje por prevalecer en todo el desarrollo de ese discurso la opinión personal del autor. Tiene mucho más peso lo personal, que en un reportaje, la opinión personal del fotógrafo.

A  su parecer, ¿Puede existir un paralelismo entre el ensayo fotográfico y el documental audiovisual?

Los dos son documentales, de hecho hay tal mezcla ahora de todos los medios que hay para contar una cosa, que creo que es inseparable hoy en día la fotografía del texto y del sonido. Todos los ensayos o reportajes que se ven en los diarios más importantes cuentan con un slideshow en la página de internet dónde uno puede ver las fotos mientras le van contando las cosas, acompañado de una música o un sonido tomado también del mismo lugar. Entonces está todo entremezclado, y es difícil de separar. De todas maneras, lo que yo enseño es ensayo fotográfico, aprender a contar con fotos.

¿Se podría decir entonces, que actualmente el fotógrafo necesita saber también de redacción, de video y de sonido?

El fotógrafo necesita saber hacer fotos. Redactar siempre es necesario saber, si acá no lo hacen es porque hay muy poco interés en el país en desarrollar fotoperiodismo, entonces no se aprovechan las cabezas de los fotógrafos para que también redacten sus pies de fotos o sus textos. Yo creo que siempre un fotógrafo necesito saber redactar, tanto como fotografiar. Si uno se dedica a la foto artística tal vez no es tan necesario saber redactar, pero en fotoperiodismo no lo podemos negar. En Paraguay no hay carrera universitaria de fotoperiodismo. No me extraña. He visto que en casi todos los países que han tenido dictaduras militares o fascistas como la que hubo acá en Paraguay durante tanto tiempo, demuestran una falta de respeto hacia la imagen, y es por esa rebeldía de la imagen de la que hablaba antes. Por ejemplo, no es el mismo el desarrollo del fotoperiodismo en España, que sufrió durante 40 años seguidos la dictadura de Franco, que en Francia que es más bien un país democrático, o que incluso en Inglaterra que es una Monarquía, o que en Estados Unidos. En general, donde ha habido dictaduras durante décadas el desarrollo de la fotografía ha sido mucho más atrasado que en países donde siempre ha existido democracia. Y no es casual, los dictadores odian las fotografías, ya que les cuesta mucho hacer que una foto diga otra cosa.

¿En qué etapa se encuentra de su carrera como fotoperiodista? ¿Qué le falta hacer?

Lo que nunca hice fue una guerra, ¡y ya es tarde!  Porque tengo muchos hijos, y no tengo el perfil para que me envíen a una guerra. Pero fue lo único que me falto realmente. Fotografía de submarino, tampoco hice, pero tampoco me interesa tanto. Para la guerra llegue tarde, porque empecé medio grande ya.

¿Pero si tiene la oportunidad, lo haría?

Si, si me ofrecieran iría. Hoy en día es esencial como fotoperiodista  haber estado en una guerra. De hecho en muchos países, no se considera a un fotoperiodista de éxito a alguien que no fue a una guerra.

Respecto a la opinión que dio acerca del Servicio Militar Obligatorio, en una entrevista a Pagina 12 realizada por Claudio Leiger, indicó que después de su trabajo Rompan Filas, su visión al respecto cambio, ¿Cuál fue ese cambio?

Claro, yo soy socialista, entonces para el socialismo siempre fue el SMO la única manera de que los obreros aprendan a manejar las armas, que después eventualmente ya tienen una guerra civil. Yo estaba a favor del Servicio Militar,  a pesar de que yo no lo haya hecho en mi país,  yo teóricamente estaba a favor, pero empecé a ver lo terrible que era el SMO, tanto del punto de vista de la domesticación ideológica como de agresiones concretas que recibían los soldados por parte de los oficiales, que me volví un enemigo total del servicio militar. Sobre todo pensando en que mis hijos también iban a tener que hacer el servicio militar, y me parecía denigrante mandar a los chicos a que les lamieran las botas a los militares, es medio triste. Educas a un pibe toda la vida para que le vaya a lamer las botas a un milico que no sabe ni sumar, que no tiene consideración ni con su hermano cuando va a reprimir a campesinos o a lo que sea. No tiene mucho sentido. Entonces tuve que revisar mi visión Marxista clásica durante esos años. Eso es lo bueno de los ensayos, que no solo cambia la mente de quienes lo miran, sino también del que los hace.

¿Se ha repetido la historia con otros trabajos? 

No tanto como con ese. Si he visto cosas, pero no tan contundentes. Porque cambie parte de mis principios. Y además, nadie me lo dijo. Lo vi yo, cuando te devuelven el hijo muerto, el hijo con una pierna menos o cosas por el estilo, que acá son muy comunes. De hecho, hay entre 5 y 7 muertes por año en el servicio militar en un país pacífico, no tiene sentido. Es más, yo estoy hasta en contra de que haya ejército, ¿qué guerra le vamos a hacer a nadie? Paraguay tendría que ser Suiza, un país sin ejército. Ganaríamos mucho más, no solo en la plata invertida, sino en lo que mente militarista, que cuesta mucho al país, porque no se ve todo lo que  da la paz para vivir, uno se la pasa inventando guerras cuando no las hay, nada más que para justificar la burocracia militar.

¿Hay algún trabajo que esté desarrollando en este momento?

Sí, estoy terminando un trabajo, que se llama Clases. Lo estamos enviando a concursos internacionales a ver si gana algo. Es muy caro publicar libros, el más baratito cuesta unos 40 millones de guaraníes, y si vivís de un sueldo, es mucho. Además, tampoco lo recuperas, los editores le llaman el libro bobo, porque sale muy caro y nunca se recupera la plata. Es un lujo poder publicar un libro de fotos.  La única alternativa que nos queda son los concursos que tienen como premio la publicación.

Conferencia de Jorge Saenz y Jorge Vidart -400

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