Luego nos volvimos extraños, es el precio de ser humanos…

7 Nov

Andaba en mis días felices, de eterna navegante por las oscuras aguas del (o “de la”, aparentemente nunca lo sabré) internet, y también por las claras, buscando información acerca de un par de directores franceses, de quienes no encontré información relevante, hasta que me topé con un blogger que había posteado algo parecido a la info que yo buscaba, más bien la info que ya tenía. Sin embargo, me adentre a sus pensamientos e investigaciones publicadas en el mencionado espacio virtual proveído por google, en el que post siguientes, me enteré  decidió cerrarlo para continuar con otro blog, identificado con el mismo nombre pero ya con un dominio propio y un formato “reloaded” (no estoy segura de que “formato sea la palabra correcta). De todos modos, me había encandilado su gusto musical públicamente declarado, y sin duda me atrapó su capacidad narrativa, obviamente este ser tiene un gusto musical parecido al mío, y relata su punto de vista con una perspectiva muy parecida a la mía. LA OBJETIVIDAD NO ES MI FUERTE CUANDO SE TRATA DE VANIDAD.

Así fue como me topé con un post que hacía referencia al solista mexicano Jorge Sidharttha,  y por supuesto eché un vistazo a sus videos, y puse considerable atención a sus letras. Aceptable; hasta que me encontré con el tema “Extraños” de su segundo disco  Náufrago, el cual me movió un poco los standares anímicos de la semana. El tema habla de aquellas personas que hemos dejado atrás, de cómo a la larga todos terminamos siendo extraños. Sin duda, el vídeo cumple el cometido de la canción, de hacer que te sientas una reverenda mierda por haber perdido contacto con tus amigos de secundaria.

Aquí va la letra de la canción:

Vamos ocultando el recuerdo

Que nos deja cada momento

Y en aquella vida pasada se fue

 

Luego nos volvimos extraños

Es el precio de ser humanos

Y en ese profundo silencio se fue

 

Y te vi suspirar el dolor y la calma de la eterna soledad de la distancia

Y me fui en el mar de la inmensa oscuridad

Esperando rescatar vivos los sueños

 

Vamos ocultando el recuerdo

Vamos ocultando el recuerdo

 

Y te vi suspirar el dolor y la calma de la eterna soledad de la distancia

Y me fui en el mar de la inmensa oscuridad

Esperando rescatar vivos los sueños…

Hasta aquí, todo bien, cero cursilerías; a seguir con nuestras vidas normales y felices (o no); hasta que le agregamos el poder del audiovisual a un texto tan poco esperanzador…

 

Y, personalmente, recordé a mis amigos de primaria (de todas las escuelas a las que fui), a mis amigos de antes de la primaria, a los de la secundaria, a los de mi primer universidad, a los de mi primer trabajo y el segundo, a mis antiguos roomates, y a mi familia.

Probablemente mis hormonas femeninas tienen cierto peso en mi percepción de todo esto, pero de repente me puse a pensar por qué dejé de lado a cierta gente, que nunca estuvo de más. Tanta gente pasa por nuestras vidas, y pasan a ser “alguien importante” y sin que nos demos cuenta, ya no lo son, y el tiempo pasa, y lo que pasó ya no es y ya no será. Y resulta que los amores de nuestras vidas, no son para toda la vida, y los mejores amigos por siempre, son solo por un tiempo. No estoy en contra de que las cosas cambien, pero sí me intriga saber cómo funciona el filtro del tiempo.

Me siento un poco culpable por los amigos que he perdido, y si bien nunca es tarde para marcar sus números y hablar con ellos, es imposible que las cosas sean como fueron, es probable que yo sea una total extraña para ellos, como ellos lo son para mí.

“No llores porque ya se terminó… sonríe, porque sucedió.” G.G.M.

Si bien, tengo la firme convicción de que los encuentros no son casuales, y de que cada persona cumple alguna misión en la vida de otros; es notable que tal facto no es perceptible con nuestros alocados ritmos. Pasamos por la vida de los demás sin preocuparnos por lo que dejamos o tomamos de ella, así como pasan por nuestras vidas y muchas veces no prestamos la debida atención a lo que esa persona nos ofrece.

Hace ya casi dos años un primo mío, quien había vivido en mi casa durante un par de años, murió a causa de un accidente laboral. Por supuesto, nadie lo esperaba. La muerte no siempre cumple la lógica que manejamos del tiempo. En ese momento me di cuenta de que cada día puede ser, literalmente, el último. Aunque pasó el tiempo, y yo volví a olvidar tal cosa.

Ese día me molestó, y aún me molesta, que la vida sigue sin diferencia. El mundo no para porque la vida de alguien haya parado. Es más, no somos conscientes de que alguien está muriendo en este mismo momento, y ese alguien es importante para alguien más. Sin duda, cuando se trata de allegados, nos ponemos a pensar y sentimos que es injusto, pero pasa el tiempo y nosotros también volvemos a la misma normalidad, a la constante de olvidarnos de las personas y de ser olvidados por otros.

Es cierto que uno vive en los corazones de quienes los recuerdan, y que la eternidad se logra a través de la memoria y de las acciones que marcan la diferencia, pero me pregunto, ¿qué tanto me he esforzado para ser eterna?

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